Características de los diferentes formatos de película y cámara

 

Toda la fotografía se basa en la cámara fotográfica, dispositivo que constituye la herramienta fundamental del acto fotográfico. Sin cámara no existe fotografía, siendo la única excepción los “fotogramas” y otras técnicas aleatorias.

 

De la misma manera como sucede en otras expresiones creativas, en la música por ejemplo, el instrumento junto a la técnica de realización o de ejecución es lo que le otorga su carácter al resultado. Cuando un compositor -para seguir con el ejemplo de la música-, escribe una sinfonía, concibe cada movimiento en función de los instrumentos de ejecución que dispone.

 

Un retrato o paisaje, según el formato de la película, tendrá diferentes propiedades, aunque el motivo, ángulo de toma e iluminación sean exactamente los mismos.

 

El fotógrafo debe tener presente que el nivel de información visual capaz de registrar una película de 35 mm es sustancialmente inferior al de un negativo de 6 x 6, ya que existe una relación directa entre la superficie de emulsión sensible y el campo de cobertura. También existen diferencias ópticas y de perspectiva.

 

Por lo tanto, hay que conocer esas particularidades y emplear los instrumentos adecuados para los fines que uno se propone.

 

Esto nos lleva a sostener que existen básicamente tres maneras de hacer fotografía con sus respectivas técnicas: el 35 mm, el formato medio y el gran formato, a partir obviamente de los respectivos tipos de negativo y de cámaras.

 

El 35 mm

 

La técnica del 35 mm es la más “moderna”. Surgió a mediados de la década de 1920, pero tardo varios años en ser aceptada. El pequeño fotograma proporcionaba por entonces imágenes con una calidad que estaba muy por debajo del standard de los formatos profesionales. Sin embargo, los fotoperiodistas se dieron cuenta que una cámara  pequeña, discreta y con capacidad para 36 fotogramas, era la herramienta más adecuada para la fotografía de acción.

 

El 35 mm se distingue por su versatilidad en todas aquellas aplicaciones que el fotógrafo debe contar con movilidad extrema y economía de recursos. Como ya lo señalamos, tiene en el fotoperiodismo su más amplio campo de aplicación y, por extensión, en todo tipo de fotografía documental y de acción.

 

Debido a que el cuadro de 24 x 36 mm debe ser ampliado varias veces para hacer las copias, el sistema óptico y mecánico (tanto de la cámara como de la ampliadora) deben ser de elevada calidad. Además, el fotógrafo debe trabajar con gran precisión y cuidados, debiendo elegir la película más indicada para cada finalidad y procesarla conforme a sus propiedades. Los más sutiles errores se tornan muy evidentes con el 35 mm.

 

Con este formato se logra establecer un punto de equilibrio entre la capacidad de registro documental, la calidad de expresión de la imagen y la movilidad del fotógrafo pero, por sobre todo, esta pensado para cualquier tipo de fotografía de acción.

 

El formato medio

 

Este tipo de cámara -y de negativo- constituye un paso intermedio entre la movilidad del 35 mm y la calidad de imagen, en términos absolutos, de los formatos mayores.

 

Utilizan película en rollo 120/220, proporcionando un cuadro de 4,5 x 6 cm a 6 x 9 cm – según la cámara -, por lo que los equipos son más pesados, pero no tanto como para imponer limitaciones insuperables. Así que resultan adecuados para un amplio rango de tomas en exteriores y en estudio, tanto en fotografía de moda, industrial, algunas aplicaciones publicitarias, arquitectónica, retrato, paisajes, fotografía técnica y

científica. También es el formato más adecuado para muchos trabajos de ilustración de libros, fotografía de objetos de arte y reproducción de cuadros.

 

Muchas cámaras de formato medio resultan casi tan sencillas de usar como una de 35 mm, en particular aquellas con sistema de visor réflex pentaprisma, fotometría asociada al sistema de exposición y avance motorizado de la película, si bien la velocidad operativa y la cantidad de exposiciones por rollo es menor. No resulta apto para la fotografía de acción excepto, por ejemplo, en algunos deportes y solamente cuando se necesita obtener una gran calidad de imagen, en especial cuando las imágenes están destinadas a impresos en color de un elevado standard.

 

El precio de los equipos  de formato medio (cámaras, objetivos y accesorios) es sustancialmente más elevado a igualdad de calidad de construcción, respecto al 35 mm, pero insistimos que la calidad que proporcionan también es proporcionalmente más alta.

 

El Gran formato

 

Comprende, genéricamente, a todas las cámaras que utilizan película en placas de por lo menos 10 x 12,5 cm. Se distinguen por tener movimientos de control de perspectiva en el objetivo y el respaldo.

 

Unicamente se las puede utilizar para fotografiar sujetos estáticos, incluyendo retratos posados, debido a que son operativamente muy lentas y tienen que estar montadas en un trípode por su tamaño, peso e inexistencia de sistema de enfoque y encuadre separado.

 

Debido a las dimensiones de la placa, proporcionan la máxima calidad de imagen -en lo que se refiere a definición y gradación tonal- que es posible obtener fotográficamente.

 

Además, gracias a los mecanismos de control de perspectiva, es posible corregir las líneas de fuga y la profundidad de enfoque, hasta limites que no se pueden lograr con ningún otro sistema fotográfico.

 

Estas propiedades las hacen imprescindibles para la fotografía publicitaria, en particular para productos de cualquier dimensión (desde envases de medicamentos a camiones), en muchas de las aplicaciones de documentación arquitectónica y en determinadas necesidades de fotografía técnica.

 

Mientras que un fotógrafo que trabaja con 35 mm puede llegar a obtener una serie de tomas de un mismo motivo pero con diferentes valores de exposición, de objetivos y hasta de puntos de vista -ya que la cantidad de exposiciones por rollo y la velocidad operativa le otorgan una gran “autonomía”-, con las placas se hacen una o dos tomas. El operador trabaja con la certeza de haber estudiado previamente la escena y los pasos a seguir.

 

Esta particularidad establece una sustancial diferencia del formato grande, ya que la actitud del fotógrafo debe ser distinta: la fotografía final debe ser previsualizada en todos sus más mínimos detalles. Primero debe hacer un análisis minucioso del punto de vista, del encuadre y de la iluminación, elegir el objetivo adecuado, diafragmarlo para registrar los detalles de los planos de enfoque, bascular el objetivo y el respaldo buscando el control de la perspectiva, para recién después cargar el chasis en la cámara y hacer la exposición.

 

Todos estos aspectos llevan a que las cámaras de gran formato pueden ser únicamente utilizadas con éxito por fotógrafos muy experimentados y de elevado nivel técnico.

 

Es natural que aquellos que dominan la técnica del 35 mm pueden pasar luego a los formatos más grandes, comprendiendo sus posibilidades y limitaciones. En este sentido, el 35 mm es la puerta de ingreso a la fotografía en cualquiera de sus posibilidades, sean profesionales o creativas. El principal argumento en favor de esta hipótesis de trabajo es la economía de materiales sensibles y de fotoquímicos, que permiten acumular una gran experiencia a un costo relativamente reducido.

 

 

 

La  Imagen Digital, pixels en lugar de haluros de plata

 

La “fotografía digital” o, más precisamente, el procesamiento digital de imágenes, tiene un inmenso campo de aplicación, aun insuficientemente explorado, en el fotoperiodismo y en diversas aplicaciones publicitarias. Como sistema de reimpresión en las artes gráficas -para la preparación de originales-, en cambio, ya se los utiliza en forma casi excluyente.

 

La fotografía digital y los sistemas de procesamiento digital de imágenes se sustentan en la posibilidad de convertir puntos de imagen al sistema binario de números. Como las cifras con base 2 permiten representar valores de nivel de iluminación, color y formas, pueden ser procesados en un ordenador -computadora- que los representa en una pantalla -monitor-, utilizando programas asociados.

 

La unidad mínima o punto de imagen es el pixel (que deviene de “picture-element”, elemento de imagen). Todas las imágenes digitalizadas están compuestas de pixels que, por analogía, equivaldrían al grano de plata de la película tradicional, aunque su naturaleza es totalmente distinta ya que ofrecen posibilidades inimaginables respecto a la emulsión de gelatinobromuro.

 

En rigor, debería llamarse “fotografía digital” aquella donde se emplea una cámara especialmente concebida, que utiliza un sensor CCD -en lugar de película-, para digitalizar directamente las imágenes proyectadas por el sistema óptico, mientras que el “procesamiento digital de imágenes” puede ser un sistema híbrido, donde a partir de una imagen lograda por medios convencionales, se la digitaliza con un escáner.

 

En lo que se refiere exclusivamente a la “fotografía digital”, debido a que la propia esencia del acto fotográfico es el registro de un motivo sobre un plano bidimensional, las consideraciones respecto a distancia focal, encuadre, elección del momento oportuno, iluminación, etc., resultan idénticas para la fotografía tradicional como para la fotografía digital, siendo por lo tanto el principal punto de coincidencia entre ambos sistemas.

 

Por formación y experiencia, el fotógrafo es la persona más idónea para obtener el mejor rendimiento de un sistema así concebido. Una persona que sabe manejar una cámara fotográfica esta en condiciones, sin entrenamiento previo y con la única condición de leer el manual de usuario, de utilizar una cámara digital.

 

Las diferencias surgen a partir del momento en que se tiene “almacenada” la imagen en el sistema. Aquí no existe el “cuarto oscuro” con todas sus herramientas (ampliadora, cubetas, fotoquímicos, luces de seguridad, etc.), sino que la computadora es un “laboratorio electrónico” de extraordinarias posibilidades donde, para obtener éxito, se debe aprender y experimentar.

 

La “captura” de imágenes

 

El proceso digital supone la asimilación de un nuevo “argot”, que podría llegar a confundir a quienes no están familiarizados con las computadoras, así que lo utilizaremos en la medida que se justifique.

 

Pues bien, aquí el fotógrafo no “toma” una imagen sino que la “captura”. Capturar una imagen no es otra cosa que crear un archivo que contiene toda la información de la imagen.

 

Existen dos formas de “capturar” imágenes, como ya ha sido señalado: utilizando la cámara digital o con el “scanner” (escáner).

 

El empleo de cámaras digitales esta relacionado directamente con la “fotografía digital”, ya que el fotógrafo -como lo hemos señalado- procede en forma idéntica a como lo hace con una cámara tradicional.

 

Las cámaras digitales existen en tres niveles para otras tantas aplicaciones: compactas, de precio mediano, para múltiples fines (desde la foto-recuerdo hasta la documentación); cámaras profesionales, para fotoperiodismo, de superior calidad de imagen y prestaciones comparables al sistema de 35 mm, y las cámaras especiales de elevada resolución, para el registro de sujetos estáticos en estudio (por ejemplo, sistema “Sinar e” o el “Agfa Studiocam”).

 

El escáner, en cambio, se asocia a los procedimientos de preimpresión, es decir, para generar películas a partir de originales opacos o transparentes.

 

Sin embargo, por su propia naturaleza, el sistema híbrido que emplea el escáner se adapta perfectamente para ser empleado como un dispositivo integrante de lo que podemos denominar “laboratorio electrónico”.

 

El Sistema

 

Para el tratamiento de las imágenes -tanto las capturadas directamente por una cámara digital o escaneadas-, es posible trabajar a partir de dos entornos: PC o Macintosh.

 

La elección de uno u otro sistema es una decisión que cada uno debe evaluar, teniendo siempre presente que no existe compatibilidad en los programas y en algunos periféricos. Esto significa que, por ejemplo, la versión Mac del Adobe Photoshop no se puede instalar en una PC, y viceversa.

 

Debemos señalar, sin embargo, que el entorno Macintosh fue concebido precisamente para la autoedición, demostrando en este terreno superioridad sobre las PC.

 

Del ordenador, el corazón reside en la CPU (Central Processing Unit, unidad central de procesamiento). Es el “chip” que procesa todas las instrucciones y, obviamente, cuanto más potente, ejecuta mayor cantidad de ordenes a mayor velocidad.

 

Por su parte, la llamada “memoria de acceso aleatorio” o RAM, es la que permite realizar una serie de operaciones sin recurrir al disco rígido (una suerte de deposito o almacén). Así que la CPU y la memoria RAM es lo que determinan la potencia de la computadora para trabajar con los programas y las imágenes. De poco sirve, en forma independiente, aumentar la memoria RAM o la potencia de la CPU.

 

En lo que respeta a la memoria RAM, siempre se recomienda que sea

de tres a cuatro veces superior al tama=F1o del archivo que se procesa. Una foto color de 18 x 24 cm (de 1701 x 2268 pixels), con una resolución de 240 dpi, ocupa la friolera de 11 Megabytes (en blanco y negro, bastante menos: 3,68 MB). Esto nos da una idea de la “voracidad” de memoria RAM que se necesita para trabajar con imágenes.

 

Sucede que la memoria RAM “levanta” el sistema operativo y el programa que, a su vez, es el que trabaja con la imagen. Se puede utilizar memoria “virtual” del disco duro, pero, en ese caso, el programa “corre” muy despacio.

 

El disco duro (hard disk) es el que soporta el sistema operativo, los programas y archivos. Si consideramos que el sistema operativo 7.1 de Mac ocupa cerca de 19 MB y que el Photoshop 2.5 esta alrededor de los 7 MB, en apenas esos dos ítems tenemos 26 MB.

 

Para trabajar con PC, el requerimiento mínimo consiste en procesador 80486 de 50 Mhz, memoria RAM de 8 MB y disco duro de 80 MB. Con esa performance, el equipo esta en el limite inferior, suficiente para comenzar. En Mac, el procesador debe ser como mínimo el Motorola 68040 de 25 MHz,  memoria RAM de 8 y disco duro también de 80 MB.

 

Ahora, lo recomendable, para poder trabajar con cierta comodidad -y rapidez-, se debería contar, en PC, con procesador 80486 de 66 Mhz o Pentium, memoria RAM de 32 MB y disco duro de 500 MB o 1 GB. En Mac, procesador Power PC 601 RISC de 75 MHz, 32 MB de RAM y disco rígido de 500 MB, es decir, la performance de la Power Macintosh 7200/75.

 

El monitor reviste una gran importancia, ya que es lo que nos posibilita ver las imágenes, así que tiene que ser color y con capacidad gráfica, es decir, de alta resolución (mínimo 72 pixels por pulgada). La computadora debe contar con una tarjeta de vídeo para monitor de 24 bits, que permite visualizar 16,7 millones de colores (la mayoría de las computadoras tienen tarjeta de vídeo de 8 bits, que proporcionan 256 colores).

 

Otra cuestión que debemos mencionar es la posibilidad de transportar los archivos de una computadora a otra para, por ejemplo, hacer las impresiones. Los “floppy disk” (diskettes) pueden almacenar apenas 1,4 MB así que es necesario un disco duro removible, cuya capacidad ronda los 100 MB (según la marca).

 

Sucede que las impresoras de alta calidad son muy costosas y solo se justifica su adquisición en el caso de que tengamos una muy elevada producción. Así como se manda ampliar un negativo, es posible llevar un archivo para que sea impreso en alguna de las muchas casas que ofrecen este servicio.

 

Ingreso de imágenes(adquisición de imágenes)

 

Los llamados dispositivos de entrada de imágenes han sido mencionados someramente, a los que deberíamos agregar el Photo CD, desarrollado por la casa Kodak. El Photo CD se comercializa en diferentes niveles de calidad de imagen, ya sea desde muestrario (baja resolución) hasta capacidad profesional, con imágenes de elevada resolución. Si se piensa trabajar con Photo CD, el equipo tiene que disponer de un lector de este tipo de discos.

 

Respecto a los escaneres, existen los planos, de diapositivas y rotatorios o de tambor. Los dos primeros son relativamente accesibles, mientras que los de tambor son bastante caros.

 

El escáner plano permite digitalizar originales opacos (copias fotográficas en papel). Su capacidad esta dada por la resolución o puntos/pixels por pulgada (dpi, dots per inch). Como mínimo deben proporcionar ópticamente (reales) 300 dpi, si bien por medio de “interpolación” pueden alcanzan los 1.200 dpi. La interpolación consiste en sumar pixels alrededor de aquellos los realmente digitalizados, algo así como un retoque electrónico automático para incrementar aparentemente la resolución. El otro factor es el “rango dinámico”, que incide en la definición de la imagen. Los escáner de bajo precio proporcionan 8 bits de rango dinámico, pero para color se requiere una resolución superior.

 

Algunos modelos de escáner planos o de mesa cuentan con un accesorio para digitalizar diapositivas o negativos.

 

El escáner para transparencias proporciona imágenes de superior calidad, desde el momento que parte de un original –la diapositiva o negativo- que tiene una mayor profundidad de colores y definición. Con un escáner de este tipo se alcanza alrededor de 5.000 o más dpi. Obviamente, cuando se escanea una diapositiva, esta debe ser ampliada varias veces pero, como el rango dinámico de este tipo de escáner es superior, al final se logra una imagen también de superior calidad.

 

La máxima calidad, de todas maneras, se obtiene con un escáner de tambor. Por su precio, esta fuera del alcance de la mayoría de los usuarios, así que son empleados exclusivamente por talleres de preimpresión que ofrecen servicios o por grandes empresas editoriales que producen impresos de alta calidad.

 

Impresoras

 

Este es otro de los puntos críticos del sistema de digitalización, ya que consiste en “bajar” a una superficie opaca o a una película las imágenes que han sido procesadas.

 

Las más económicas son las de chorro de tinta (Jet). Disponen de cartuchos con tintas y la impresión es basándose en un tramado que produce el efecto de millones de colores. En los modelos más económicos, la calidad no se ajusta a los parámetros fotográficos. Existen modelos especiales para la producción de pósters a bajo costo y en tiradas limitadas, que satisfacen los requerimientos de este tipo de trabajo.

 

Las impresoras de cera térmica (Wax Thermal Transfer) sirven, por su parte, para producir bocetos y muestras. Utilizan cera caliente en los colores cían, magenta, amarillo y negro (CMYK), imprimiendo en papel común de superficie satinada.

 

Las impresoras de sublimación de tinta (Thermal Dye Transfer), en

cambio, emplean papel especial.  La tinta es convertida en gas e impulsada sobre el papel. Debido a que no produce una trama sino una imagen continua, el resultado es una imagen comparable a una copia fotográfica en papel color.

 

Las impresoras láser emplean tóner de colores (CMYK), lográndose resultados similares a las fotocopias láser color.

 

Para obtener el máximo de calidad, en películas gráficas destinadas al grabado de planchas offset, se emplea la filmadora de imágenes. Estas producen el fotocromo (las 4 películas o separaciones color), con las cuales se obtiene también una prueba de impresión, para evaluar la calidad del fotocromo.

 

El Software

 

De todos los programas existentes para el procesamiento digital de imágenes, sin dudas el más popular en el Adobe Photoshop, en sus versiones para PC y Mac. Es muy complejo y requiere cierto entrenamiento, pero luego que se lo conoce, resulta de una gran precisión y de infinitas posibilidades.

 

Para quienes no están acostumbrados a trabajar con computadoras es imprescindible realizar un curso, si bien un entorno como el Macintosh resulta extremadamente “amigable”, como se dice en la jerga de la computación.

 

Para las PC, por su parte, el Windows 95 de Microsoft, quizá el mayor lanzamiento comercial de la historia, tendría algunos problemas cuando se quiere trabajar en serio, pudiendo producir más de un dolor de cabeza a quienes no están familiarizados con las computadoras. El Windows 3.11, en cambio, es más confiable y esta lo suficientemente experimentado.

 

Otra cuestión que se debe considerar es la actualización de los “fierros” y los programas. Por ejemplo, si se parte de una plataforma PC 486, pasar al procesador Pentium no consiste en el mero cambio de una simple plaqueta. En este punto hay que asesorarse bien, no sea que se inviertan 2.000 o 3.000 dólares en una maquina y, para mejorarla, haya que comenzar nuevamente desde cero.

 

Las computadoras no son como las cámara fotográficas, donde a partir de un cuerpo básico se pueden ir comprando objetivos y accesorios que muy pocas veces quedan obsoletos. Si usted tiene una ya vieja Nikon F2, podrá usar todos los objetivos Nikon (esa cámara tiene más de dos décadas), pero una computadora de dos o tres años de antigüedad puede ser hoy una pieza de museo.

 

Lo cierto es que la fotografía digital va en un tren que se ha puesto en marcha y, si uno se quiere subir porque vislumbra que el futuro a mediano plazo pasa por esa vía, no debería esperar con el riesgo de quedarse en la estación o terminar viajando colgado en el furgón de cola. De todas maneras, hay que ser lo suficientemente cauto y conservador porque, si perdemos un tren, podemos tomar el siguiente.

Del “Pentágono” al “Shopping”

 

Los primeros “scanners” fueron desarrollados a principios de los años ’70 para el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, siendo utilizados en las series de satélites Landsat I, II y III. En apenas 18 días, eran capaces de producir un mosaico de 300.000 imágenes de todo el planeta gracias al Multispectral Scanner que, por entonces, tenia un rendimiento de apenas 64 tonos de gris. En la serie Landsat IV, la escala se incrementó a 256 grises. Sin embargo, los escáner más avanzados estuvieron exclusivamente reservados para fines militares, en los satélites KH-11.

 

Esa tecnología, la de la imagen digital, estuvo obviamente guardada por el complejo industrial-militar durante muchos años bajo “siete llaves”. Pero como ha sucedido con muchos otros desarrollos tecnológicos, termino por encontrar aplicaciones en el campo civil.

 

A principios de los años ’80 estuvieron disponibles en la industria gráfica los primeros escáner, destinados a la preimpresión en sustitución del clásico procedimiento fotomecánico de producción de películas para fotocromia y autotipia. En la actualidad, la tecnología digital ha sustituido absolutamente a la fotorreproducción tradicional, excepto en talleres de fotomecánica muy pequeños y especializados.

Fin

Preparado Por: A. Becquer Casaballe

Buenos Aires Argentina.

1998-11-07

FotoRed

*Disponible para consultas el Diccionario jurídico