La actual ordenación territorial del estado español. Raíces históricas.


La Hispania romana

Tras la llegada de los romanos se hace una primera división de Hispania, en el año 197 a.C.: la Hispania Citerior y la Hispania Ulterior. Esta división está en vigor hasta el siglo I, en el que Augusto hace una nueva división de sus provincias. Hispania se divide en tres provincias: Bética, Tarraconensey Lusitana.

Entre 284 y 305 el emperador Diocleciano vuelve a dividir Hispania. Ahora tendrá seis provincias, Tarraconense, Cartaginense, Bética, Lusitana y Gallaecia. Esta división tendrá una notable estabilidad, ya que perdurará hasta la llegada de los musulmanes.

Los visigodos

Durante el tiempo en que los visigodos controlaron la península se mantuvieron las divisiones territoriales romanas.

Será Leovigildo quien intente hacer un reino territorial. Se forma así la idea de una comunidad histórica de origen romano: Hispania.

Los musulmanes

A partir del 711 la península es dominada por los musulmanes que imponen una nueva regionalización, sin tener en cuenta la romana, sobre todo en el sur.

Los musulmanes organizan el territorio sobre la base de los condados y obispados visigodos. El número de provincias de la España musulmana es variable, pero en general hay más de 20 provincias, a las que hay que llamar coras.

Los reinos cristianos

En el norte peninsular se crean una serie de reinos cristianos que se irán consolidando independientemente hasta el siglo XIII.

En el 722 se asientan los reinos de Asturias y el Pirineo. Asturias es el más activo en la Reconquista, controlará toda la franja cantábrica y el territorio al norte del Duero.

En el este las condiciones para la Reconquista son menos favorables, ya que el valle del Ebro es un territorio muy poblado e islamizado. Además, están bajo el vasallaje del emperador Carlomagno.

Aragón y Cataluña se acercarán por motivos dinásticos, y en 1170 formarán una sola corona. Los límites entre los distintos reinos varían continuamente. Álava, Logroño, etc., pasan de unos reinos a otros.

En el siglo XI hay un intento de unir todos los reinos y restaurar el Impérium Toletánum.

El siglo XII es la España de los cinco reinos cristianos: Portugal, Castilla, León, Navarra y la Corona de Aragón, que tienden a la unificación. En Aragón cada reino tendrá sus Cortes, y en Castilla sólo habrá unas Cortes para todos. Pero todas estas uniones son fruto de las relaciones vasalláticas feudales y las herencias dinásticas.

Aragón tratará de crear un reino en el Pirineo extendiendo sus dominios sobre el sur de Francia y en el Mediterráneo. Castilla continúa la reconquista en el sur. Navarra entroncará con los reyes de Francia. Isabel de Castilla es nombrada heredera al trono de Castilla en 1468. Fernando de Aragón era el heredero de la Corona de Aragón. Ambos esposos serán en reyes de Castilla. En 1512 Fernando V el Católico conquistará Navarra, culminado así la unificación de España ratificada por las Cortes en 1515.

La España de los Austrias

Carlos I se titulará rey de España, pero mantendrá la estructura de reinos independientes en la península. Sólo la Inquisición permite a los reyes tener una jurisdicción uniforme en todo el reino. España es un reino plural en el que están vigentes leyes diferentes para los distintos reinos.

Pero los reinos están divididos en provincias y estas están creadas en virtud de relaciones de vasallaje de origen medieval. De esta manera, es frecuente que las provincias sean territorios fragmentados y de tamaño muy diferente. Esta estructura provincial es muy poco eficaz para el gobierno absoluto.

Una de las cuestiones de fondo será el concepto de naturaleza y extranjería. Será natural de un sitio aquel que esté vinculado a la tierra y al señor titular, por relaciones de vasallaje. Cuando un rey quería nombrar a un extranjero para un cargo debía concederle una Carta de Naturaleza.

La conquista de América da a las instituciones castellanas una importancia mayor que a las de los demás reinos, pero los Austrias no tratan de imponerlas en toda la península.

En la Corona de Aragón las unidades territoriales fundamentales son: las veguerías y las sobrecullidas.

En la Corona de Castilla la ordenación del territorio es más racional; aunque Navarra, Vascongadas, Asturias y Galicia tendrán sus Juntas Generales. Navarra es un reino a parte. La división en reinos acabó por sucumbir. Había 19 merindades y 17 distritos. En 1556 el territorio se divide en 40 partidos, de los cuales 18 son provincias, las que tienen por capital ciudades con voto en las Cortes.

El reformismo borbónico

El sistema de ordenación del territorio de los Austrias es demasiado complejo y poco eficaz. Los Borbones son más centralistas que los Austrias, y tratan de hacer de su monarquía un Estado absolutista. Para ello necesitarán terminar con las diferentes legislaciones y las peculiaridades de cada reino. Esta labor se hará por medio de los Decretos de Nueva Planta.

Los Decretos de Nueva Planta convierten a los reinos de la Corona de Aragón en provincias, gobernadas por un capitán general y un presidente de audiencia.

El siglo XIX y la revolución liberal

El Estado liberal necesita una nueva ordenación del territorio, que le permita gobernar el país de manera uniforme, recaudar impuestos, y crear un mercado único con leyes iguales para todos, y a ello se dedicará durante el siglo, tanto como a otras cuestiones.

Bajo la tutela de Bonaparte se intenta ordenar el territorio, en 1810, dividiéndolo en 38 prefecturas y 111 subprefecturas.

En 1813 encargan una nueva división provincial a Felipe Bauzá, que determina 44 provincias, con criterios históricos. Pero nada de esto se aprobó, y el regreso de Fernando VII supuso la vuelta al Antiguo Régimen.

El proyecto de 1822

En enero de 1822 se aprueba, con carácter provisional, una división provincial de España en 52 provincias.

Este proyecto hace pocas concesiones a la historia, y se rige por criterios de población, extensión y coherencia geográfica.

Pero la caída del gobierno liberal, y la restauración del absolutismo dio al traste con el proyecto: nunca llegó a entrar en vigor.

La división provincial de Javier de Burgos de 1833

El proyecto de Javier de Burgos es prácticamente el mismo que el de 1822. Se recuperan los nombres tradicionales de las provincias vascongadas y Navarra, pero se hacen menos concesiones a la historia. Para esta división se rige por los mismos principios de población, extensión y coherencia geográfica.

Esta división provincial se consolida y triunfa rápidamente, hasta llegar a nuestros días, ya que inmediatamente se dota a las capitales de provincias de las instituciones de gobierno básicas. Además, la división provincial será el soporte para todas las ramas de la Administración, y las futuras divisiones. Esta será la base de un Estado fuerte y centralizado, eficaz y uniforme, sin privilegios ni excepciones.

La división provincial se consolidará poco después, en 1834 se dividen las provincias en partidos judiciales, y para ello se tienen en cuenta los límites provinciales.

Las revisiones de este modelo fueron muy escasas. En 1927 Canarias se divide en dos provincias: Gran Canaria y Tenerife. Esta es la modificación más importante.

Las tendencias autonomistas

Si el siglo XIX es el de la creación de España como un estado moderno, también es el de la aparición de los nacionalismos separatistas, que mitifican la rica historia de España y su tradicional división en reinos.

El intento más claro de crear unas autonomías en España fue el de la segunda República, en cuya constitución se reconocía el derecho a la autonomía, pero el proceso fue lento.

La Constitución de 1978 y el Estado de las autonomías

En la constitución de 1978 se reconoce el derecho a la autonomía a las regiones.

Se establece la existencia de 17 autonomías. Para crearlas se han tenido en cuenta criterios históricos, geográficos, económicos y políticos.

Las autonomías han cuajado profundamente entre la población y se ha despertado un sentimiento autonomista, y de región diferenciada, donde no lo había. Todas las autonomías tienen un estatuto donde se plasman sus aspiraciones políticas y de autogobierno.

La práctica ha demostrado la idoneidad de estas autonomías, que han permitido un mejor gobierno del país; no sin tensiones.

Los desequilibrios regionales

España no es un país en el que se haya desarrollado uniformemente sus regiones. Es necesario, pues, un esfuerzo de integración territorial para que no se incrementen estos desequilibrios.

Desde 1970 España es uno de los 15 países más desarrollados del mundo.

De los casi 40.000.000 de españoles, la mayoría se concentra en las regiones del litoral y en Madrid. El resto del territorio tiene una densidad de población muy baja.

La renta nacional tiene los mismos desequilibrios. La provincia con una renta mayor es Baleares, gracias al turismo, y está muy por encima de provincias como Lugo, Cáceres o Zamora.

En las zonas de desarrollo industrial podemos distinguir: las de modelo industrial clásico, que están en crisis y han sufrido un profundo proceso de reconversión, como Asturias, País Vasco o Sagunto; y las regiones de industria moderna, como Cataluña, Madrid, la costa gallega o Valencia. Las regiones en las que predomina el sector servicios son las zonas turísticas, y son las más ricas de España: como Baleares o Canarias.

En 1986 España entra en la CEE. Desde su entrada, la mayor parte del país, un 80%, ha estado recibiendo fondos de compensación para reducir las diferencias regionales.

La red urbana y de transportes

En España hay dos grandes ciudades de ámbito nacional que reflejan la tensión entre el centro y la periferia: Madrid, la capital de España, que ocupa el primer lugar en la jerarquía, y Barcelona que ocupa el segundo lugar. Tras estas dos ciudades se encuentran las grandes urbes de la costa, cuya influencia alcanza más allá de su propia región. Luego están las ciudades cuya influencia alcanza a toda su región, o al menos a la mayor parte. Por debajo están las capitales comarcales, que ejercen su influencia en toda su comarca. Luego vienen las capitales de municipios más o menos grandes. Por debajo de ellas ya sólo quedan los pueblos.

La red de transportes refleja las diferencias de población entre el centro y la periferia. Los grandes volúmenes de tráfico se concentran en las regiones más densamente pobladas, en donde el tráfico está congestionado. El centro de la península está surcado por carreteras que comunican la capital con la periferia, pero que son excesivas para las necesidades de la región en las que se encuentran.

La red de RENFE es arborescente, y tiene su centro en Madrid. El ferrocarril se utiliza para el transporte de mercancías pesadas, principalmente, pero también para viajeros.

Los aeropuertos españoles tienen una exagerada tendencia a situarse en la periferia.

Los puertos de mar españoles están, en gran medida, muy especializados. Los muelles más activos y mejor equipados están en las zonas turísticas.

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